lunes, 14 de noviembre de 2011

Respuesta al artículo de Faciolince

Manizales, noviembre 11 de 2011.
Señor
Director
DIARIO EL ESPECTADOR
Bogotá D.C.
Respetado Señor Director:

Soy conocedor de que las opiniones de los columnistas de ese diario son responsabilidad exclusiva de cada uno de ellos, más por tratarse de expresiones nacidas de la pluma de uno de sus colaboradores, las que desdicen de la tradición de decencia y respeto para con las gentes de ese periódico a través de la historia, me dirijo a usted para manifestarle el profundo desagrado que nos ha producido el artículo publicado en sus páginas el día 6 de noviembre y firmado por el señor Héctor Abad Faciolince,
En el artículo en cuestión el referido columnista pretende hacer mofa de los habitantes de Manizales por el hecho de que en la emergencia vivida por la ciudad y debida a la carencia de agua durante 15 días, quienes vivimos en ella no hubiésemos asumido posiciones vandálicas y acabado con el comercio y con los edificios institucionales. Ese comportamiento digno de gentes civilizadas, que no de cafres y vándalos, da pie al señor Abad para catalogarnos a los de esta tierra de personajes que han llegado a creerse más que sus vecinos e inclusive de haber faltado a las tradiciones que, como herederos del altivo pueblo de Antioquia la Grande, orgullosamente defendemos.
Es cierto que de los colonizadores de esta tierra del Antiguo Caldas y el norte del Valle, aprendimos comportamientos que nos destacan en el concierto nacional, ya que para aquellos la educación de sus herederos fue de vital importancia, y en estas breñas floreció, pero hacer de ese afán el motivo de mofa para el señor columnista, es solo muestra de que cuando él nos contó la historia de la bondad y compromiso social de su padre, la herencia que él le pretendió entregar no cayó en quién la merecía y hasta allí llegó la bonhomía que le pretendió transmitir. Al menos así lo muestra el señor Abad en su libelo.
Es cierto que en Caldas hemos tenido, en algunos políticos y gobernantes, a quienes no han sabido corresponder a la herencia recibida, al igual que Abad, pero las gentes del común son respetables y exigen se les respete, ya que entre nosotros no cabe la palabra ineptitud; no existe la cobardía, como tampoco existe la ferocidad con la que en otras latitudes, ciudades o departamentos, hubieran actuado sus habitantes en un caso similar al vivido por nosotros. Dada la educación, el carácter y la gallardía de nuestras gentes no admitimos calificativos diferentes a los que reconocen en nosotros a ciudadanos de bien.
Acá, para conocimiento de Abad y de sus lectores, la ética aún es patrimonio de nuestras gentes. La palabra aún es Escritura Pública como lo era para los abuelos. Aún somos un pueblo de “patriarcas con poder en la voz y no en los fusiles” como decía Robledo Ortiz. El trabajo sigue siendo la única y respetada fuente de riqueza, y detestamos las vías indebidas para hacer los patrimonios, razón por la cual entre nosotros no hay dineros fáciles como en otras ciudades. De todo esto el ejemplo es palmario en Manizales con la reciente emergencia y en Pereira con las pasadas elecciones, lugares en los que la civilidad no puede confundirse con molicie. Eso, hay que decírselo al señor Abad; es una constante para nuestro pueblo y si, por desventura, hemos tenido pillos que se han aprovechado del erario público y evadido sus responsabilidades, y no están a buen resguardo en una cárcel, es por la desidia de las autoridades y no por cobardía de nuestras gentes.
¡Respeto!. Respeto, señor Director, es lo que meremos del señor Abad y a usted se lo hacemos saber cordialmente.
Del Señor Director,


HERNANDO ARANGO MONEDERO
C.C. 4.610.175

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